
Photographs, ideas, anecdotes and miscellanea on photography, architecture, urbanism, documentary projects and portraits from my personal and professional portfolio / Fotografías, ideas, anécdotas y miscelanea sobre fotografía, arquitectura, urbanismo, proyectos documentales y retratos de mis portfolios personal y profesional.
martes, 22 de diciembre de 2009
Gerra, Comillas 2006

lunes, 21 de diciembre de 2009
Christmas Card 2009

jueves, 17 de diciembre de 2009
"White Nights", St Petersburg June 2009

viernes, 11 de diciembre de 2009
Fotointerpreta. Trafic BCN 2009



miércoles, 9 de diciembre de 2009
lunes, 7 de diciembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
Presentation by Mark Power, BCN November 2009

jueves, 12 de noviembre de 2009
Exposición "Acostumbrados" Galería H20 Barcelona, Julio 2008

viaje al más allá
La casualidad hizo que llegara a Buenos Aires en Octubre del 2000 . De pronto, la ciudad que desde la distancia había idealizado, que tantas veces me habían contado y había leído se me aparecía como un lugar gris , triste, casi inhóspito. Nada de lo que me encontré tenía que ver con la idea que me había hecho. Aún hoy ignoro que era aquello que me hacía sentir así, confundido y lleno de ansiedad, como si yo no fuese un mero espectador y la tensión y tristeza que se palpaba en el aire no me fuera ajena.
En un arrebato casi instintivo, me di cuenta que la única manera no de poder entender, sino asimilar todo ello era fotografiando lo que tenía delante como en un acto vital que aspiraba a catalogar aquello que viví en los escasos diez días que pasé allí. Tan solo quería poder volver a Londres, donde entonces vivía, y ver mis fotos con tranquilidad, meditar sobre todo aquello que no sabía bien como abordar . Observar en la distancia aquello que de manera vertiginosa había sucedido a través del mundo invertido que aparece cada vez que miro por mi Rolleiflex.
Mi regreso me produjo una doble sensación de satisfacción plena por haber logrado estupendas imágenes y de desasosiego por darme cuenta de que esas fotos eran el comienzo de algo inacabado y sin quererlo me había metido un proyecto que me ocuparía gran parte de los próximos años.
Por aquel entonces, la Argentina se desmoronaba y era la eterna aspirante al primer mundo de la Europa comunitaria y la todo poderosa Estados Unidos . Idealizados paraísos que el país tuvo al alcance de la mano, o así quiso creerlo, durante los años del menemismo y la convertibilidad que equiparaba el peso al dólar – mis libras esterlinas apenas ganaban la batalla monetaria- y que hacían de Buenos Aires una de las ciudades más caras del mundo.
Atrás habían quedado Evita y Perón, el lopezreguismo, la dictadura de los Videla y Galtieri, los años de transición e hiperinflación, del plan austral y la vida en el abismo permanente . Estos habían sido reemplazados por los felices años 90 de las vacaciones en Miami, Punta del Este y Europa, de la pizza con champán . Seguro que recuerdan al país de “ Siganme, no los voy a defraudar !”
Precisamente el crecimiento incontrolado del endeudamiento, la endémica corrupción y la insostenibilidad de una ficción que muchos argentinos se habían empecinado en creer, fue lo que llevo a la debacle de Diciembre del 2001. La caída del gobierno de De la Rúa y “el argentinazo” en el cual el colapso del sistema financiero llevó a la ruina a gran parte de la tan celebrada clase media y hundió para siempre en la miseria a la mitad de la gente del país.
“Acostumbrados” es un trabajo que trata precisamente de indagar en la idiosincrasia de uno de los países con mayor potencial humano y de mayor riqueza natural del mundo y en el que sin embargo, cada pocos años, como si fuera un herpes que regresa, todo parece hundirse en el abismo.
“Este es el país corcho - decía alguien - lo hundís una y otra vez y siempre sale a flote”. En diciembre del 2003 eso era difícil de creer y sin embargo uno, sabiendo del talento de sus gentes, no sabía si abandonarse escepticismo o abonarse a la esperanza.
Sociedad moderna y desarrollada, corrupta y machista, sofisticada y educada, llena de mitos y supersticiones, de culto al cuerpo y de mucho colesterol, la Argentina hoy como ayer es el resultado de sus propias contradicciones.
Mirando a su capital, a sus gentes y sus mitos, me propuse indagar en las peculiaridades, en su carácter e idiosincrasia como nación y que de alguna manera, y siempre sin querer entrar en generalizaciones, tratar de ver si éstos eran extrapolables al conjunto del país. Allí, en Buenos Aires viven casi 13 millones de personas, la tercera parte de la población del país. Capital Federal y el cono urbano, dos caras de una misma realidad. Mil y un mundos diferentes, con otras tantas realidades desperdigadas por una superficie urbana de dimensiones inabarcables.
Este es un diario visual de los innumerables trayectos y viajes que durante casi 12 meses repartidos en un intervalo de otros cinco años he realizado por la ciudad.
Volver a Buenos Aires siempre desconcierta, uno no sabe muy bien por donde empezar. Dice Tomas Eloy Martínez que Buenos Aires es la única ciudad en la que se puede ver con claridad lo que un día fue y que en nada se parece a aquello que ha sido. Y es que a cada viaje, uno tiene la sensación de encontrarse un panorama diferente, de estar ante una realidad que muta continuamente y vertiginosamente, de que todo empieza de cero. En cierta medida Acostumbrados es un trabajo que se sirvió del libro “Réquiem por un país perdido” del reconocido escritor argentino . Lo encontré por causalidad en mi segundo viaje a Buenos Aires mientras husmeaba en una librería del porteño barrio de Recoleta, y me sirvió de referencia para dar sentido a un proyecto que hasta el momento se antojaba imposible de estructurar coherentemente.
En Buenos Aires siempre se habla de la gran división que existe entre la Capital y el gran Buenos Aires. El cono urbano que queda pasando la autopista orbital que se conoce como la General Paz. División que venía a simbolizar la diferencia entre esa capital casi europea, sofisticada y cosmopolita que es de sobra conocida, y una periferia de enormes dimensiones – el “más allá” – donde se escondía la identidad Latinoamericana de La Argentina. Identidad que tanto tiempo, no solo el mundo entero, los propios porteños y la mayoría de los argentinos se empeñaron en ignorar.
Poco queda hoy de esa ilusión. Treinta minutos de trayecto en colectivo son suficientes para viajar desde esa ciudad mítica a las profundidades del mayor subdesarrollo que vive toda Latinoamérica. El Once, Liniers, La Boca, Ciudad Oculta en Mataderos o el Bajo Flores se han convertido en lugares donde la degradación, la violencia y la miseria alcanza cotas formidables. Pero quizás al aventurarse en lugares inhóspitos del gran Buenos Aires, en territorios más propios del realismo mágico novelado, en lugares como Ciudad Evita o Laferrere en La Matanza, Avellaneda o Dock Sud donde se obtiene una idea muy clara de lo que allí sucede. Realidad que contrasta enormemente con los barrios afluentes de Recoleta, Barrio Norte o Belgrano en la capital o los menos conocidos por el turista, pero no por ello menos privilegiados de Olivos, San Isidro, La Lucila o los “cantris” del Gran Buenos Aires accesibles solo a la vieja aristocracia y los nuevos ricos que generó el menemismo y la debacle del 2001.
Las fotos que aquí se muestran son un intento de dar sentido a lo que sin duda ha sido una experiencia fascinante y muy probablemente, el desafío más importante al que como fotógrafo y periodista tuve la osadía de enfrentarme.
Iñigo Bujedo Aguirre
Barcelona, Agosto del 2007
martes, 10 de noviembre de 2009
Mark Power´s group by Tomaz Crnej

lunes, 9 de noviembre de 2009
domingo, 1 de noviembre de 2009
Terminal de bus, Casar de Cáceres 2005

miércoles, 28 de octubre de 2009
Ravalpindi, the Making off by Marcelo Isarrualde

lunes, 26 de octubre de 2009
A Propósito de Koldo Chamorro por Clemente Bernard
A Koldo Chamorro le conocí en 1992 cuando realicé un taller con él en Murcia. Fue mi primer taller sobre fotografía documental con un fotógrafo que por entonces era de reconocido prestigio y que ya trabajaba en varios proyectos para la UNESCO. Recuerdo poco de aquel encuentro, su mano mutilada, su aspecto desarraigado, la expresión dura de su rotro y su mandíbula, su carácter navarro y directo. Alguna vez me ha venido su persona a la cabeza y siempre me ha sorprendido como de alguna manera él desapareció del mapa de la fotografía contemporánea española.
Hoy me han enviado este texto escrito por Clemente Bernad. Y he querido añadirlo aquí como un último homenaje a Koldo con quien compartí tres dias de trabajo en donde me dió ánimos para seguir haciendo fotos pero al que nunca llegué a conocer como persona.
Pronto colgaré una foto que le hice mientras nos mostraba su trabajo.
Una anécdota : Haciendo memoria me ha venido a la cabeza un comentario, un consejo que Koldo nos dió en aquel taller. Hablaba de la importancia de mimetizarse en el entorno que se quiere fotografiar y nos dijo que él cuando por primera vez llegaba a algún sitio, esperaba a que los perros del lugar dejasen de gruñirle y pararan de ladrar. Era entonces cuando sabía que podía sacar su cámara.
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Nuestro fotógrafo decisivo
KOLDO Chamorro murió solo, como siempre decía que iba a morir. Solo, como un perro callejero. Pero que nadie se lleve a engaño. Aquí, en estas tierras de ingratitudes viejas y envidias eternas, ser un perro callejero es un grado. Significa no haberse traicionado a uno mismo ni a los que con uno caminan, no haber frecuentado los pasillos del poder para obtener riquezas ni medallas manchadas de indignidad, no haber doblado la cerviz ante quienes no lo merecen. No, las medallas que Koldo llevaba prendidas en su vieja chaqueta el día que lo enterramos eran sólo unos pequeños pins baratos cuya importancia va mucho más allá de cualquier fatuidad. Una bandera de Brasil, un San Fermín, un busto de la diosa Minerva, un aspa de tela de una cofradía de la Semana Santa sevillana, una insignia del diario francés Libération. Nada más y nada menos. Ahí estaba, como una pequeña constelación vital, todo lo suyo: la preferencia por los desfavorecidos y el calor de las selvas ecuatoriales; los dioses y los santos cercanos que trazaban las líneas de su mano; la diosa romana de la sabiduría, de las artes y de las guerras; la pasión visceral del sur y la escarapela tricolor que dibuja las letras de la palabra libertad; y el amor, claro.
Koldo era un contador de historias. Un curioso. Su patria era el reportaje fotográfico entendido como la forma más completa, arriesgada y pertinente para hablar de la vida de las personas. Dentro de él distinguía diversas soluciones, como el ensayo fotográfico, el reportaje monográfico o el poema visual, que le permitían utilizar unos recursos expresivos u otros. El ensayo fotográfico era su preferido porque es el espacio narrativo decisivo donde poner en juego todas las apuestas, todas las soluciones y todas las energías. Para elaborarlo, incluso desarrolló una interesante teoría que aplicaba la proxémica a la práctica de la fotografía de reportaje, y que le permitía analizar las características de los espacios sociales en los que trabajaba y determinar qué distancia era la más adecuada para cada circunstancia e incluso qué material y qué distancia focal era la más pertinente para cada caso particular.
En estos tiempos en los que el simulacro lo ha empapado todo, es difícil entender la actitud ética, la energía y la pasión de alguien como Koldo por construir una vida y una obra sin concesiones ni medias tintas, sin excusas. Se dice que nadie es profeta en su tierra y Koldo tampoco lo fue, desde luego. Era un viajero, aunque dedicó años de ingente esfuerzo a fotografiar Navarra con cariño, pero sin paños calientes. Sin embargo, aquí nunca recibió nada más que migajas, palmaditas en la espalda y palabras bienintencionadas. Pero de eso no vive un fotógrafo. Fotografió las fiestas de esta ingrata ciudad a tumba abierta durante más de 25 años, abordándolas en toda su complejidad, de una manera muy diferente a las correctas postales de la norteamericana Inge Morath o al ingenuo reportaje de Ramón Masats. Pero sus fotografías no forman parte del imaginario sanferminero, simplemente porque no se conocen. De hecho, quienes se lamentan estos días como plañideras de que haya terminado siendo un incomprendido, quizás debieran preguntarse por qué no fueron capaces de comprender a un fotógrafo rotundo, indómito y fascinante que siempre estuvo al alcance de la mano; por qué siempre se le negó el pan y la sal, y su trabajo nunca mereció el reconocimiento ni los incentivos que necesitaba para que creciese, adquiriese visibilidad y fuese comprensible para muchos otros; por qué no existe ni un solo libro monográfico que recoja ni uno solo de sus ensayos de manera completa y digna. Sus imprescindibles fotografías pueblan, injustamente, los cajones de un archivo ignoto que asusta por su magnitud.
Al abordar sus trabajos, Koldo prefería hundir sus motivos y sus decisiones en la tradición sin preocuparse por lo venidero. Prefería mirar hacia atrás para saber quién era y de dónde venía, mientras avanzaba a toda velocidad hacia delante, sin miedo. Era caliente, cercano, muy cariñoso. Fue un luchador. Nada de imágenes pusilánimes para consumo fácil de la galería. Nada de miraditas blandengues. Nada de comida rápida visual para solaz de bárbaros. Nada de atajos para alcanzar la fama, el dinero y el poder a costa de abaratar el discurso aunque sea del gusto de la mayoría. A Koldo no le interesaba la mayoría. Le interesaba lo que podía tocar, acariciar, querer, mirar, oler, contar y sufrir en concreto, siempre en primera persona. A Koldo le interesabas tú.
Tanto sus ensayos como las fotografías que los componen son difíciles de digerir. Koldo conocía perfectamente la evolución del lenguaje fotográfico y sabía cuáles eran las exigencias conceptuales y estilísticas a las que debía responder con sus fotografías. Por eso su trabajo no es una mirada más en la cesta, sino que supone un verdadero aporte a la historia del medio. Es nuestro fotógrafo decisivo. Sus trabajos más conocidos son Fuentelencina: ciclo del sol, Los Hijos-Dalgo de Iturgoyen, El Santo Christo Ibérico, España mágica, Los sanfermines, Algo llueve sobre mi corazón, Pubis pro nobis, Los silencios de Dios, El nacimiento de una nación, La violación cósmica, El sujetador y El kapote, sólo una muestra de una ingente producción que habla a las claras de su capacidad de trabajo. En todos ellos, Koldo se ocupó de múltiples cuestiones acerca de las estructuras sociales, la religión, las fiestas, los toros, el cuerpo, el sexo, etc… Sus imágenes son el resultado de un riguroso trabajo de análisis y estudio de cada uno de los temas hasta en sus más pequeños detalles. El azar trabaja después, sobre una sólida estructura compositiva y visual que huye de la evidencia como de la peste. Koldo era extremadamente exigente al analizar su propio trabajo, y no se lo ponía fácil ni a sí mismo ni a sus lectores. Sus fotografías no se agotan en una primera lectura, ni en una segunda, ni en una tercera…, son pequeños laberintos donde cualquier camino es posible, donde reina la ambigüedad y el juego, donde todo son preguntas sin respuesta, y donde -como a él tanto le gustaba recordar citando el Tao Te King- lo visible construye la forma, pero lo invisible le otorga el valor.
Mientras otros fotógrafos de su generación recorrían España en los últimos años de la dictadura de fiesta en fiesta y de procesión en procesión, en busca de un folclore superficial del que sólo obtuvieron imágenes anecdóticas, Koldo se afanaba en reflexionar sobre los mecanismos en los que descansaba el paso de la sociedad rural de la posguerra a la posible pero incierta nueva identidad del país. Trabajando en muchas ocasiones en los mismos territorios que aquellos, su mirada era diferente porque se clavaba bajo la línea de flotación del discurso cultural dominante, y porque nunca se aprovechaba de la energía de lo que fotografiaba en su propio beneficio, sino que era él mismo quien aportaba su energía, su bagaje y su forma de entender la vida a cada uno de sus temas.
El día de su entierro, Koldo estaba sin zapatos dentro del ataúd. Los únicos que se pudieron encontrar en aquellos momentos de confusión estaban llenos de barro. Pero, ¿de qué lo iban a estar?. Barro de las calles, tierra de los caminos, de los campos. De las cunetas.
Por Clemente Bernad. Noticiasdenavarra.com
Octubre09
miércoles, 7 de octubre de 2009
sábado, 12 de septiembre de 2009
Camarón de la Isla, Murcia 1990
viernes, 28 de agosto de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
Piriápolis, Uruguay 2007




lunes, 17 de agosto de 2009
domingo, 16 de agosto de 2009
sábado, 15 de agosto de 2009
I lost part of my soul

I must say that I am heart broken. There are no other words to put this in a better way. It was the first time that I decided to take on a trip just my G9 as the only camera and that was also a big mistake.
China was a very odd journey in which in just a week I flew over to Finland, then Beijing and onto Harbin and back and where I thought I was not going to have much time to do any work, So I took just my G9 and no other film cameras. How mistaken I was. Harbin where I could have spent weeks photographing everything and everyone, was a fascinating place which I ought to visit again, sometime hopefully.
But as I have just discovered, all the images of "the swimmners" , the urban ladscapes of Harbin as well as all the photographs of the Forbidden City and Tiannanmen are now gone.
I can´t seem to find them in any of my hard drives where I do all the back up. Its a very strange situation as everything else that was saved right after and before hand remains intact.
I am now coming to terms with it.
Similarly, that happened as well with the Bolivian files. Fortunately I went to Bolivia with my Rolleiflex and my FM2 as well as the digital Canon G9 so the tragedy is a lesser one i guess. Having said that, all the images of lake Titicaca and salar de Uyuní were taken with the G9 and are now gone. But for my own consolation I do have intact all the color negatives that I took of El Alto and La Paz, both in black and white and color.
It has to be said that it has happened in the past that I have taken images that did not come out right or were ruined by the film process and even affected by the x ray atthe airport security control area.
I remember once when I went to cover an event for a news paper and after shooting 36 images I realized that my camera kept of producing new photos out of a 36 frame film. 37, 38, 39,.....It was obvious then that the film was not loaded properly and therefore I had no images at all. But never I think, I had lost a negative or raw material of images that I regarded as very important ones. Photographs that I had seen and processed, edited and counted on them as relevant to my portfolio or particular project I was working on.
I am to blame for it as it is obvious that deleting them without having made sure that they were backed up was indeed, very clumsy. It appears by conversations with colleagues that this is a classic mistake that we all photographers have to make at least once.
Its a learning process . With digital technology, the production of images is far bigger and almost every time you go out to shoot something you end up with several GB of images that need to be securely copied, edited, and backed up.
The work time required for that is enormous and It is quite obvious that the method of working and the handling of work flow in digital requires a much more methodic way of working to make sure that once you decide to delete a folder, everything has been backed up at least three times.
What I have left are some low res jpegs that I uploaded onto Facebook and that I will be getting them back just to show them here. Images that I will never be able to print or use out of the web. Sad but very true.
I am heart broken.
lunes, 10 de agosto de 2009
martes, 4 de agosto de 2009
sábado, 1 de agosto de 2009
jueves, 30 de julio de 2009
The Camberwell Beauty, London 1997


I spent 7 years living in Camberwell. 10 Brunswick Vilas was the address and many people thought it was some fine location and very up market but it was in Camberwell. Certainly the house had some grandeur as it was a four storey victorian terrace house with a lovely garden. But Camberwell is in South London in the borough of Southwark, off the Walworth Road where some of the action
in Dicken´s Great Expectations takes place.
It was then and there, in 1996 and just after I had finished my year at Goldsmith when I was wondering the streets looking for a subject, a theme for a new project to work on. I thought of doing something on the diversity and multicultural live the presided over the area. The mix variety of different communities that had landed in this part of the world and to which I then belonged. Black Caribeans, Nigerians, Ghanans, Indians and Pakistani, Chipriots and Turkish, Greeks and Italians, Spanish, and of course English from all paths of life. The upper middle classes that lived up in The Grove and towards Dulwich Park, people like myself that occupied the terrace houses or those that inhabited the numerous council flats that dotted the whole area.
Camberwell was a rare mix of many things and a complete different scenario depending on the time of the day. Mornings were always somewhat dense and heavy as many on the out patients from the famous phyciatrist hospital Moseley were let out wondering the streets. On rainy days the whole place was a grim and depressing landscape, a perfect Dickensian background for many things to happen. Sunny summer days were vibrant and colorful, almost mediterranean.
One day I was on my way to Burgess Park and I found a old victorian building, a home to a boxing club which surprisingly had on one of its wall and engraved rather large image of a butterfly.
The tile work read " The Camberwell Beauty". It got my attention and arose my curiosity to find out what that was doing there and where did it come from.
It turned out that this was a common name within the local popular culture. A very well known butterfly that was found for the first time in the area as It came from abroad. I just love the idea of a butterfly that immigrated to England most probably on a boat that carried goods and people that later settled in the Islands.
It was a perfect allegory for what I was working on and was trying to do.
The resulting project is a body of work in which I began to explore a visual language that would somehow define my next documentary works. Often armed with a Hasselblad but most of the time with my Rolleiflex. I set out to photograph the neighborhood and its people with the intention to depict the simple ordinariness of their everyday life with particular attention on how one as a immigrant, tend to reproduce habits from one´s own culture in an attempt not to forget the place where we all came from.
This photograph of the two men was one of the first I took of the series.
Both cypriot as well as friends were one a turkish cypriot and a greek cypriot the other. Both were exiled by the war between their communities and they had meet in London were they became very close friends. On summer days the would seat on the pavement, facing the olive and feta cheese shop that Soteris, a toothless cross eyed dusty looking greek cypriot and his charming hugely overweight much younger wife, owned and run together.
Every afternoon they would come to the shop to meet for a chat, they would take the chairs out and as if they were in Larnaka, Nicosia or Limasol, and they would sip turkish coffee while chatting with other members of their exiled community that came to the gathering. One could not resist imagining that behind them was the Mediterranean sea when if fact was the A2, the Camberwell Church Street what run behind their backs .
It didn´t matter. It was summer, it was sunny and that little strip of pavement in Camberwell was where they would feel more at home.
They are now both dead, but the shop remains there.
Last time I was in England I went back to Camberwell to see my old friend James who lives there with Charlotte and their son Rubin. On my way to see the Waddell´s I visited the shop as it has become a kind of right of passage for me. Of course the lady owner as she saw me came out from behind the counter to salute and hug me and without hesitation, put together a little bag with assorted olives, sesame bread, taramosalata dip and a chunk of feta cheese for my breakfast. Needless to say that she looked offended when I tried to pay.
We had a little chat and I asked her about the two men when she confirmed that they had both passed away. As I remembered that I had given her a small hand made and signed print of the photograph, I asked her if she still had it.
She proudly smiled and said "of course", pointing towards the doorway. There it was the print.
Dusty, stained, wrinkled and frameless, pinned like a trophy to the upper corner of the door.
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