
Las casualidades de la vida no dejan de sorprenderme y más aún cuando se conjuran para hacerlo en mi propia casa, en una cena entre amigos. A Francisco Marques, arquitecto argentino que vive desde hace años en Barcelona, le conocí por casualidad cuando allá por Junio del año pasado fuí a fotografiar la Ciudad de la Justicia de David Chipperfield. Nos saludamos, conversamos brevemente y sin más nos despedimos y nos dedicamos a lo nuestro. Francisco trabaja en B720 y ha estado desde el princicpio en la dirección de obra del proyecto. Me consta que aún sigue en éllo. Nada raro hasta ahí.
Pasaron los meses y nuestros caminos se volvieron a cruzar. Esta vez en una conferencia de urbanismo que daba Eduardo Reese sobre la transformación de la ciudad de Buenos Aires. Allí nos vimos y nos saludamos y nos dimos los teléfonos quedando en que nos llamaríamos para tomar una cerveza y charlar. El sorprendido, descubrió mi conocimiento sobre Argentina y yo más tarde supe de su pasión por la fotografía. Pasaron unas semanas y quedamos a la vuelta de mi casa y charlamos amigablemente. Pasaron más semanas y organicé una de esas cenas raras a las que invito a gente que nada tiene que ver entre sí y no se conocen.
Francisco y su novia ( urbanista, brasileña, muy dulce pero a pesar de que voy a quedar mal no logro recordar su nombre) fueron invitados y vinieron a la cena .
Llegaron pronto, antes que nadie, mientras yo aún terminaba de cocinar y de poner la mesa.
Abrimos la botella de estupendo vino que trajeron y nos pusimos a charlar mientras paseábamos por mi casa donde cuelgan varias de mis fotografías.
Para no romper con la tradición yo les iba explicando alguna anécdota de las imágenes y como hay varias de Buenos Aires, miraba interesado por ver sus reacciones.
De pronto Francisco se detuvo ante esta foto y no pudo contener una exclamación de estupefacción. Al instante pensé que la mujer que aparece en la imágen era familiar suyo, quizás una tía abuela o una vecina.
Francisco no decía nada pero estaba clavado delante de la fotografía. "No me lo puedo creer -me dijo- Esta foto, esta casa, no es solo la casa donde yo crecí y viví hasta la adolescencia, esa es la ventana de la que era mi habitación".
Perplejo, casí asustado y para salir de dudas le pregunté en insistí si estaba seguro y si sabría indicarme en un mapa de la ciudad dónde estaba esa foto. No me lo podía creer. Yo hice esa fotografía en Buenos Aires en Diciembre del 2004 y en aquél tiempo nada sabía de la existencia de Francisco.
Por entonces yo estaba trabajando en mi proyecto Acostumbrados. Era mi tercer viaje a Argentina y me hopedaba en un hotel pequeño, antiguo por no decir viejo, con lustre de grandeza pasada (más por el nombre que por lo cómodo de sus instalaciones) que se llama el Lion d´or y que aún se encuentra en la calle Pacheco de Melo, en el barrio de Recoleta.
Era el primer o segundo día que llevaba en Buenos Aires y recuerdo que paseando a medio día después de comer, serían sobre las tres de la tarde y bajo un sol de justicia, me dirijía hacía la Avenida Alvear cuando en un paso de cebra me detuve para hacer esta fotografía. La tengo como una de las mejores que hice en esos años y prueba de éllo es que cuando mi amiga Carmeta me compró una copia para colgarla en su casa, yo me hice hacer una para colgarla en la mía.
Pero volviendo sobre Francisco, aquello me dejó y aún me deja atónito. Mi historia con Buenos Aires sigue muy viva en mis recuerdos, en el de las personas que siguen allí y en las que están aquí en Barcelona, en mi casa, en mis fotos que veo cada día. Y casualidades de la vida, yo hice una foto a la casa de Franciso, a la fachada, a la ventana de su habitación.... No salgo de mi asombro.
Marela, creo poder aventurarme a decir que la chica de Francisco se llama Marela.
PD: El que tiene boca se equivoca, me decían de pequeño. El que anda tropieza escuché una vez. Bueno al final Francisco leyó este escrito y me contestó muy simpática y amablemente, mencionando a su mujer Mirela (que no Marela) pero sin mencionar el gazapo. Siempre tan educado.

