Por aquel verano austral del 2004 yo me hospedaba en el hotel
Lion D´or en el porteño barrio de Recoleta.
Muy cerquita se encuentra La Biela, famoso café donde uno se puede encontrar a lo más florido - y rancio - de la sociedad bienuda argentina. Pero a mí me gusta ir allí a tomar café y a mirar a la gente que pasa. Es como un museo donde acostumbro a ir cada vez que estoy en Buenos Aires. Además el café es muy bueno, de puchero y te lo sirven un camarero en la mesa como es debido.
En una de tantas mañanas de calor yo me acercaba a La Biela a tomar café, leer la prensa y sentado en la ventana que da al cementerio, me instalaba fotografiando mecánicamente a todo el que pasaba. A ratos interrumpía mi lectura y alzando la cámara casi instintivamente, disparaba a quien en ese momento pasara por allí.
En estas estaba cuando de repente entró Menotti.
Yo le había visto alguna vez entrando en el portal que está junto al café. Le ví y le reconocí. Alto, delgado, desgarbado mal vestido con pantalón excesivamente corto y calcetín blanco.
Se sentó a media distancia de donde yo estaba y como es natural el camarero le saludó afectuosamente ya que sin duda es un cliente fijo de La Biela.
Sin dudarlo llamé al camarero y le pedí que por favor le preguntara si le importaría que yo le hiciese una fotografía. De buen grado el camarero se acercó al "Flaco" Menotti y enseguida regresó para informarme que accedía encantado. Me acerqué le saludé y charlamos brevemente. Le dije que vivía en Barcelona y que sabía que era uno de los candidatos al banquillo del Barça (finalmente Frank Rijkaard sería nombrado entrenador). Me dijo que sí que estaba en negociaciones pero que los catalanes eran "re amarretes" y que veía dificil poder llegar a un acuerdo. Le dije que yo era de Bilbao y hablamos algo del Athletic, de España, de todo y de nada.
De pronto se puso de pie, se acercó a mi y mientras rodeaba mi hombro con su brazo le dijo al camarero que tomara la cámara y nos hiciera la foto.
No le dije yo, no quiero hacerme una foto contigo. Quiero una foto tuya, de tí. Quiero hacerte un retrato.
Me miró perplejo, casi desconfiando pero se volvió a sentar y posó unos instantes para mí.
Hoy mientras desayunaba leía La Vanguardia. Me he encontrado con su artículo y no he podido sino esbozar una sonrisa. El flaco Menotti, el hombre que dirijió a La Argentina a su primer campeonato del mundo, el ideólogo del achique de espacios, rinde homenaje al futbol que se juega en España.
